ALBERGUERIA DE ARGAÑAN FRONTERA CON PORTUGAL

PREGON 2005 POR PETRA SACRISTAN

PREGON SANTA ANA 2005 
             
            
            Distinguidas autoridades, vecinos de Albergueria, amigos todos: muy
            buenas tardes.

            Me cabe el inmenso honor de dirigiros la palabra en el comienzo de
            vuestras fiestas. Y hace tiempo que me pregunto que os iba a contar.
            ¿Hablaros de la Historia de vuestro pueblo? No tengo autoridad para
            deciros nada al respecto que no sepais o que no os lo hayan contado
            personas de mayor enjundia que yo. ¿ Contextualizar su vida social,
            politica, economica? No queria que me arrojarais tomates al final de
            mi discurso.

            Asi es que he optado por la calle de en medio. Hablare, lo más
            ordenadamente posible, de las vivencias que tuve entre vosotros, que
            son vuestras propias vivencias, porque compartimos unos años
            inolvidables, de una epoca muy bonita: mi infancia.

            En 1936 año de infausto recuerdo, desde un lugar lejano, lejano,
            desembarco en este bendito pueblo que me adopto sin reservas, sin
            condiciones. Fue entonces cuando descubri que en Albergueria de
            Argañan habia solo dos tipos de personas: las buenas y  las
mejores.
            La vida me llevo por otros lugares, pero durante los siete años que
            pase entre vosotros aprendi, disfrute y creci por dentro y por
            fuera.

            Me cautivaban las historias escondidas en este castillo. El ulular
            del viento susurraba en mis oidos melodias unicas e irrepetibles que
            no olvide nunca.

            El fulgor de esa campiña ha acompañado siempre mi retina, cansada ya
            de ver tantas cosas, y su recuerdo ha solazado mi espíritu cada vez
            que volvia aqui con la mente.

            Mucho tengo que agradecer a este lugar, aunque una tierra no es gran
            cosa sin las personas que la habitan. A modo de organo vital, son
            las gentes las que le insuflan el palpito de vida. Son sus vivencias
            sencillas, cotidianas, las que conforman la Historia de un Pueblo.

            Hablare de mis recuerdos entre los años 36 y 43 del pasado siglo; de
            las gentes y lugares de Albergueria. De muchos aspectos, tan solo me
            queda un destello, aunque muy breve, muy intenso, porque eran muchas
            cosas, y yo, muy pequeña.

            El Calvario, en primavera. Mi madre y yo, por las tardes, haciamos
            labores a la solana, resguardadas del viento por las peñas. A veces,
            no muchas, porque no tenia tanto vagar, nos acompañaba la Tia Juana
            Fariña, ¡ que mujer !, fue un angel bueno y protector de mi madre y
            mio.

            La Dehesa, por cuyas laderas corri y corri, saciando despues mi sed
            en el regato que por alli discurria con un agua clara, limpia,
            cristalina. Arriba de La Dehesa estaba lo que llamaban El muro;
            era como una pequeña central electrica desde la que nos mandaban la
            luz al pueblo. Se encargaba de ello el señor Jose, El maquinista.
            Asi le llamaban. Vivia en la plaza, esquina al camino de Aldeia da
            Ponte, al lado de Tia Maricruz, La aguardientera.

            El señor Jose estaba casado con la señora Maria. Tenian varias
            hijas. Con una de ellas, Carolina, aun vive con noventa y tantos
            años, vine a emparentar muchos años despues de dejar el pueblo.

            El Charaiz. Un pilon, un caño y vegetacion. ¡ Que bien se estaba
            alli ! El bienestar me rebosaba por cada poro de la piel. Cantaba a
            pleno pulmon mientras mi madre lavaba.

            Tambien en La Fresneda se estaba de maravilla, aunque aqui no
            cantaba. En la temporada, tenia la boca llena de moras.

            En la Navelantera, mi madre alquilo un terreno que convirtio en
            huerto. Tenia un canchal con matorrales, peñas y un roble, donde
            hacian su nido los pajaros.

            El Barroco Ladron, con sus grandes peñas y su regato abundante de
            maruja, cuando aun se podia coger.

            Los Pinos, que fueron mi segunda escuela. Alli me enviaba la Tia
            Juana Fariña a llevarle la comida a Chago, su hijo, que pasaba todo
            el dia alli cuidando de las cabras y habia sido capaz de desarrollar
            una curiosidad innata que podia satisfacer aprendiendo de forma
            natural, merced al tedioso oficio que desempeñaba. Fue capaz tambien
            de transmitirme aquella sabiduria y le recuerdo con admiracion por
            todas las cosas que tuvo la generosidad de enseñarme.

            El Madroñal, la caseta de los Carabineros, la Atalaya, â?¦

            La calle Grande, el alamo de la plaza, que estaba en todo su
            esplendor y servia de burladero cuando habia toros en las fiestas,
            acogia el ofertorio de los Padrinos y Madrinas, en la calle, junto a
            la puerta de la iglesia. En el alamo terminaba la procesión de Santa
            Ana.

            La calle Maravedi, que salia, no se si sale aun, de detras de la
            iglesia y terminaba en el caño de los Barreros; un caño que junto
            con el de la plaza nos abastecia de agua todo el año, pero que en
            verano brotaban tan despacio que dejabamos el cacharro puesto y nos
            íbamos a otra cosa, ¿ para que tendríamos tanta prisa ?, hasta que
            volviamos a buscarlo lleno. Momento en que comenzaba un paseo muy
            particular, porque lo acarreabamos a la cabeza, que llevabamos tiesa
            como una vela, descansando el cantaro en una tela enrollada que
            hacía un circulo, proporcionandonos un andar peculiar, que muchas
            modelos de pasarela quisieran. Es este un aspecto que caracterizaba
            a las mozas del pueblo añadiendo a su donaire un aspecto de bien 
            plantas.

            La iglesia estaba muy concurrida, habia misa diaria a la que
            asistian casi todos, supongo que como ahora. Conoci a dos curas,
            primero estaba Don Lorenzo y después Don Silvestre. Se accedia a la
            iglesia por la puerta de la plaza, segun se entraba habia un Cristo
            enfrente; y, a la izquierda se llegaba al altar Mayor por el pasillo
            de en medio.

            Existia la costumbre de separarse por sexos. En los bancos de la
            izquierda, segun se entra, se ponian los hombres; y, a la derecha,
            las mujeres. Los niños y niñas seguian el mismo orden, pero mas
            cerca del altar. A la izquierda, cerca del pulpito habia un San
            Antonio precioso, al que yo queria mucho por los relatos que me
            contaba mi madre Sobre el Pan de San Antonio.

            Me gustaba la iglesia, como lugar de recogimiento, era muy
            acogedora, tambien sobrecogedora, las imagenes de santos que la
            iconografia popular nos ha transmitido, han hecho mella en nuestra
            mentalidad. O acaso se deba, por el contrario, a los libros que me
            dejaba Don Silvestre, todos, vidas de santos. Me interesa aclarar
            que Don Silvestre no era el librero del pueblo. No habia libreria,
            de ahi que, todos los libros que cayeron en mi mano, los devoraba,
            sin poner reparos a su contenido. Creo que le debo a este cura tanto
            como a mis maestros que me enseñaron las primeras letras, el
            universo lector que me proporciono y me convirtio en lectora voraz
            con el paso de los años.

            Habia que aprovechar, dicen que la ocasion la pintan calva, el menor
            resquicio de posibilidad que surgia en el pueblo. Asi, a las
            excursiones al aire libre, la visita de monumentos y el uso de la
            biblioteca, en los terminos que quedan referidos, añadi, con mas
            soltura que desfachatez, a mi peculio particular, el primer
            intercambio cultural gastronomico del que haya constancia en la
            comarca. Fue como sigue: cercana a mi casa, se encontraba la de la
            Tia Manuela, que en los tiempos de trabajo duro en la agricultura,
            acogia, por las noches, todo un ritual, para alimentar a las muchas
            personas que laboraban sus campos. Rayando la puesta del sol de
            verano, o sea, muy tarde, se escapaba un olorcillo a comida que
            resucitara a un muerto. Cuando los hombres comenzaban a llegar, todo
            era algarabia; despues se escuchaba un toc, toc, toc, rapido y muy,
            muy continuo. Tras este sonido se hacia un gran silencio, a la par
            que el olorcillo se desvanecia. Yo me hacia de cruces pensando que 
            seria el toc, toc, toc, y levitaba siguiendo los efluvios de aquel
            olor. Traia a mi madre por la calle de la amargura para que
            reprodujera en casa el ritual, pero no habia modo. Hasta que un dia,
            mi madre le pregunto a la Tia Manuela el modus operandi. Ella, todo
            corazon, reconocio humildemente solo son patatas con torreznos. Que
            venga una noche a cenar y que mi hija vaya a su casa. Dicho y
            hecho. La siguiente noche, desde bien temprano, me fui a casa de la
            Tia Manuela. En una panzuda olla, al fuego de la chimenea, cocian
            patatas con agua, sal y laurel. En una sarten con patas se freian
            torreznos de los de verdad. Se retiraba algo de la grasa que
            soltaban y se echaba a la olla de las patatas, tras lo cual, se
            volcaban en una fuente. Cada comensal, en la propia fuente,
            machacaba las patatas a su gusto; por eso sonaba toc, toc, toc. Un
            pan cortado en rebanadas grandes acogia generosamente los torreznos,
            que se sujetaban en la mano que no sostenia la cuchara de palo. Y se
            procedia de la siguiente manera: bocao de patatas, bocao de
            torreznos.
            No se que ceno en mi casa la hija de mi vecina, pero creo,
            sinceramente, que sali ganando. Hoy deambula una receta llamada 
            Patatas machaconas; creo que en realidad, debian llamarse Patatas
            de la Tia Manuela.

            Otro de los entretenimientos venia de lejos, cargado en carromatos
            tirados por burros. Encima de la escuela, que estaba al lado del
            Ayuntamiento, habia un local que se usaba a modo de teatro. Alli 
            veiamos las representaciones que traian los comicos de la legua.
            Era, quiza, la unica diversion que teniamos en la epoca. Acudia todo
            el pueblo. Supongo que aprovechando el tiron de las funciones, el
            maestro realizo un montaje dramatico con los chicos y chicas de la
            escuela. La tematica era una exaltacion exacerbada del patriotismo.
            Os ahorrare las palabras de mi intervención en la obra, pero la
            recuerdo letra por letra.

            Aquel maestro era Don Jose Cacho, de constitucion menuda, lo que le
            valia el apelativo cariñoso de Don Jose Cacho, El cacho maestro.

            Tambien habia una maestra, Doña Victoria Espariz Villaverde, que con
            los pocos medios de que disponia supo inculcarnos el afan por
            aprender.


            En esa escuela 
            Comence a subir por la escala del deber.
            Aqui comence a escribir
            Y aqui me solte a leer

            Fueron mis compañeras en la escuela: Herminia Corbi, Dolores Blanco,
            Lorenza Martin; Manuela, Emilia, Engracia y Brigida Manzano (hijas
            de Manuel y Engracia, dueños del comercio que habia en la plaza);
            Primi (la hija de tio Quico Federico).

            Las personas que recuerdo en el pueblo eran: Don Jorge â??el
            boticarioâ?? y Doña Antonia y sus hijos Pepe, Julio y Maruja; Don
            Antonio Magdalena y Doña Amparo, asi como a su hija Amparito; Doña
            Angelita y su hija Rosarito; Don Amando Acebes â?? el secretario â??,
            padre de Conchita y Miguel.

            Dolores era hija del sacristan, llamado negrito por el color de su
            piel, aunque su apellido era Blanco.

            La casa que habite pertenecia al tio Jose Maria Martin, el padre de
            Carolina, Carmen, Paco, Tomas, José y Lorenza. Estaba situada
            enfrente de la del señor Nicomedes, el zapatero.

            Tenia un corral muy grande donde esquilaban las ovejas.

            Carmen Rios, que me regalo una estampa para mi Primera Comunion. Le
            escribio por detras esta dedicatoria: cito Te ofrezco esta estampa;
            como recuerdo del dia mas dichoso y feliz de tu vida. Pidele mucho a
            Jesus Sacramentado te haga una niña buena y Santa. Tu amiga que asi 
            lo desea. Carmen. Fin de la cita.

            De Doña Victoria, la maestra, tambien conservo una postal que me
            regalo por el mismo motivo. Esta dice: cito Recuerdo del dia mas
            feliz de mi vida en que por vez primera entro Jeus en mi pecho
            aceptando la angelical ofrenda de mi corazon. Para Petra Sacristan
            de su profesora Victoria Espariz. Albergueria. 9 de mayo de 1937  
            Fin de la cita.

            Me interesa poner en relieve estas sencillas, aunque entrañables
            dedicatorias, para que entre todos seamos capaces de valorar mas
            juiciosamente los deseos que brotan sinceros de lo mas intimo de un
            corazon para llegar al fondo de otro y permanecer alli de por vida.

            Algo parecido me ocurre con el matrimonio del señor Andrés Duque y
            la señora Barbara, de los que fuimos vecinos. Siempre he guardado la
            conviccion de que el aprecio y admiracion que me suscitaban, se
            fundamentaba en el mero hecho de la cercania, apoyado quiza en la
            devocion que demostraba en su trabajo de herrero, en la infinita
            paciencia y dedicacion que aplicaba a su quehacer diario, modelando
            una y otra vez el hierro candente hasta conseguir la forma perfecta.
            Yo permanecia horas enteras, subyugada por el embrujo de la fragua
            chispeante, sin poder apartar los ojos del fuego. Tambien se
            encargaba de herrar a las caballerias, en un potro que tenia al
            efecto, donde les ponia sus zapatos nuevos, por usar la expresion
            que el empleaba. Sospecho que tambien dominaba las artes curativas
            de los animales, pues le venian a buscar para asistir al perdedor de
            alguna disputa entre astados.

            Era este un matrimonio mayor, que irradiaba una tranquilidad solo
            proporcionada por la acumulacion de experiencias apacibles. Tenan
            un hijo, Ambrosio, que vivia muy cerca de la plaza, con su mujer,
            Catalina.

            Alguna amargura tambien se ha de recordar. Vivimos aqui la Guerra
            Civil, menos tres meses que acuartelaron a mi padre en Salamanca.
            Aunque alejada en la distancia, la guerra estaba cercana en la vida
            cotidiana. Ayudaba a este menester el transistor de Doña Angelita, a
            cuya ventana, enfrente del Ayuntamiento, acudian los vecinos, cada
            tarde, a escuchar el parte. Se trataba del parte de guerra, en el
            que se detallaba pormenorizadamente, los caidos (muertos) o heridos.
            No quedo en mi mente ningun recuerdo doloroso, por lo que me inclino
            a pensar que esa parte de la Historia fue benigna con los
            albergallos.

            A todas las niñas nos hicieron flechas, así llamadas en alusion al
            emblema de la Falange Española. A mi me encantaba la especie de
            uniforme que nos pusieron, camisa azul; pero debia sentarme de
            maravilla la exaltación patriotica, pues a fuerza de arengas y
            sermones, que si España te necesita por aqui, que si España esta 
            pobre, por alla, que si colabora, que si patatin, que si patatan, ni
            corta ni perezosa, me presente a Conchita Acebes, encargada de
            recoger el oro para España y le espete a bote pronto: Quitame los
            pendientes; y me los quito. Llegue tan contenta a casa, tan
            española, tan satisfecha de mi accion, tan Quijote, que el gozo me
            reventaba por las cinchas de mi caballo, si lo hubiera tenido. Y
            quizas lo hubiera necesitado, no voy a relatar aqui lo satisfecha y
            orgullosa que se sintio mi madre cuando supo que me habia
            desprendido del regalo que mi madrina me hizo para la pila del
            bautismo. Pero salvamos España, que era de lo que se trataba.

            Coincidio esto con el racionamiento y su compañero inseparable, el
            estraperlo. De lo primero, recuerdo un bollito diario de 50 gramos
            de pan, que nos lo servia Carmen la de la callejita. De lo segundo,
            íbamos a Portugal a por triguiño, así llaman los portugueses al
            pan; y, ya de puestos y por amortizar el viaje, traiamos de paso
            azucar, cafe, bacalao, lo que podiamos, que no seria mucho, por la
            carestia.

            Seguro que podia contar mas cosas del estraperlo, pero estaria mal
            visto en la hija de un carabinero.

            Tras aquella infancia feliz, creo que un hecho me estaba diciendo:
            Petra, ya estas lista para enfrentarte a la vida. Senti un
            espaldarazo, cual Lazaro su calabazada propinada por el ciego en el
            toro de la puente de Salamanca, Chago, que tan buena disposición
            mostro siempre conmigo, fue el que me hizo comprender que me estaba
            haciendo mayor. Una tarde, ordeñando las cabras, me pidio que me
            acercara. Presta, como siempre, a sus indicaciones, acudi porque me
            encantaba hacer como que ordeñaba; y el, cogiendo de la ubre que
            tenia entre los dedos, me chorreo en la cara toda la leche que
            contenia, y, sonriendo me dijo: ahora, ya sabes ordeñar.

            Se van agotando los recuerdos, pero no quisiera dejar sin mencionar,
            la absoluta hospitalidad que me brindasteis a mi y a mi familia. La
            integración fue total y se materializo en multiples aspectos. Entre
            ellos, recuerdo que hasta me hicieron madrina de bautismo de Tita.

            No me resta, queridos amigos, sino agradeceros una vez mas vuestra
            gentileza por escuchar mis humildes palabras.

            Me vais a permitir, no obstante, que personalice un agradecimiento
            muy especial a Santiago Martin, asi como a su esposa Maria, tanto
            por la labor que estan realizando de dar a conocer el pueblo,
            aprovechando la era de la Globalizacion, como por su esfuerzo
            denodado de mantener vivo lo vuestro. Sirva esta tribuna para
            proponerles como cronistas del pueblo.

            Termino con un poema mio, no sera el mas bonito que haya recibido
            Albergueria, pero si puedo garantizar que sera uno de los mas
            sinceros.

            Dice asi:


            Albergueria de mis amores,
            Pueblo querido y no olvidado.
            ¡Ay!, cuando a los quince abriles
            sucedan los cincuenta años
            y el mundo con sus engaños
            haya dejado cruelmente
            llena de arrugas mi frente
            y el alma de desengaños.
            Con que inefable ternura
            recordare la ventura
            y el buen tiempo transcurrido
            a la sombra protectora
            de mi pueblo tan querido.
            Albergueria de mis amores,
            que te yergues entre flores
            De un eden primaveral:
            te quiero como se quiere
            la vista del ideal
            y que Dios, por especial gracia,
            dejo en ti escondido
            como un rincon del perdido
            Paraiso Terrenal.
            Yo amoldare mi existencia
            a la virtud y a la ciencia
            en tus campos aprendida.
            Sera mi faro en la vida
            tu recuerdo, Albergueria,
            y si vuelvo algun dia
            ¡sera inmensa mi alegria!

            ¡Viva Santa Ana! ¡Vivan los mayordomos! ¡Viva Albergueria!

 

            Albergueria de Argañan, 25 de julio de 2005

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