ALBERGUERIA DE ARGAÑAN FRONTERA CON PORTUGAL

ALCALDES SIGLO XX EN ALBERGUERIA DE ARGAÑAN

Escrito por albergueria2 05-07-2008 en General. Comentarios (0)

AÑO 1941  14 septiembre  FRANCISCO SANCHEZ HERNANDEZ
 
AÑO 1941  26 octubre   AMBROSIO DUQUE ALVAREZ
 
AÑO 1947  9 noviembre  AMBROSIO DUQUE ALVAREZ
 
AÑO 1948  8 febrero  AMBROSIO DUQUE ALVAREZ
 
AÑO 1950  23 junio  LUIS CARLOS MARTIN CORRAL
 
AÑO 1950  15 julio  HIPOLITO LANCHAS MARTIN
 
AÑO 1950  8 octubre  LUIS CARLOS MARTIN CORRAL
 
AÑO 1951  29 mayo (en funciones)  HIPOLITO LANCHAS MARTIN
 
AÑO 1951  15 julio  HIPOLITO LANCHAS MARTIN
 
AÃ?O 1952  3 febrero  LUIS CARLOS  MARTIN CORRAL
 
AÑO 1952  21 junio  FRANCISCO MARTIN GONZALEZ
 
AÑO 1952  16 agosto (en funciones) ANGEL MARTIN DIAZ
 
AÑO 1952  20 septiembre  LUIS CARLOS MARTIN CORRAL
 
AÑO 1953  19 agosto HIPOLITO LANCHAS MARTIN
 
AÑO 1956  3 junio  HIPOLITO LANCHAS MARTIN
 
AÑO 1956  19 agosto (accidental)  FRANCISCO MARTIN GALAN
 
AÑO 1957  8 junio  BIEN VENIDO SANCHEZ SANCHEZ
 
AÑO 1959  29 mayo (relevo)  FRANCISCO MARTIN GALAN
 
AÑO 1971  30 diciembre  FRANCISCO MARTIN GALAN
 
AÑO 1976  3 octubre (accidental)  JULIO GOMEZ LUIS
 
AÑO 1977  6 febrero  FRANCISCO MARTIN GALAN
 
AÑO 1979  19 abril  ANTONIO ALFONSO ALVAREZ
 
AÑO 1984  JUAN LOPEZ PEREZ
 
   AÑO 1987  JUAN LOPEZ PEREZ
 
AÑO 1991  FRANCISCO MARTIN SANCHEZ ( y continua)
 

SACERDOTES PARROCOS SIGLO XX EN ALBERGUERIA DE ARGAÑAN

Escrito por albergueria2 05-07-2008 en General. Comentarios (0)

SACERDOTES PARROCOS EN ALBERGUERIA DE ARGAÑAN EN EL SIGLO XX
NOMBRE D. Felipe Muñoz Hernandez
AÑO DE LLEGADA: 1899
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1902
NOMBRE: D.  Florencio Carreño Merchan
AÑO DE LLEGADA:  1902
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1933
NOMBRE: D.  Lorenzo Martin Lagar
AÑO DE LLEGADA:  1933
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1938
NOMBRE: D.  Salvador Sanchez Sánchez
AÑO DE LLEGADA:  1938
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1941
NOMBRE: D.  Silvestre Sierro Peinado
AÑO DE LLEGADA:  1941
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1959
NOMBRE: D.  José Maria Martin Martin
AÑO DE LLEGADA:  1959
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1960
NOMBRE: D.  Alicio Elvira Oreja
AñO DE LLEGADA:  1960
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1962
NOMBRE: D.  Joaquin Peña Donis
AÑO DE LLEGADA:  1962
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1964
NOMBRE: D.  Juan Jose Peña Galante
AÑO DE LLEGADA:  1964
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1990
NOMBRE: D.  Miguel Angel Cruz Fernandez
AÑO DE LLEGADA:  1990
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1991
NOMBRE: D.  Prudencio Mandrado Vicente
AÑO DE LLEGADA:   1991
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1992
NOMBRE: D.  Rafael Sanchez Gonzalez
AÑO DE LLEGADA: 1992
AÑO DEJA LA PARROQUIA:  1993
NOMBRE: D.  Fernando Diaz-Bailon Alonso
AÑO DE LLEGADA:  2000

SECRETARIOS SIGLOXX EN ABERGUERIA

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AÃ?O 1900   
Secretario: NARCISO DIAZ
 
AÃ?O 1905  NARCISO DIAZ
 
AÃ?O 1909  18 enero FRANCISCO DOMINGUEZ LORENZO
 
AÃ?O 1911  17 febrero FAUSTO MATEOS GONZALEZ
 
AÃ?O 1919   FCO. DOMINGUEZ LORENZO
 
AÃ?O 1923   JOSE DOMINGUEZ
 
AÃ?O 1924   30 julio (interino) JESUS BLANCO
 
AÃ?O 1925   5 octubre (interino) LORENZO HERNANDEZ
 
AÃ?O 1926  6 julio  ARMANDO ACEBES
 
AÃ?O 1927  ARMANDO ACEBES 
 
AÃ?O 1930  20 julio  JOSE MARIA MARTIN SANCHEZ
 
AÃ?O 1931 20 abril  ARMANDO ACEBES
 
AÃ?O 1936  ARMANDO ACEBES
 
AÃ?O 1939  ARMANDO ACEBES
 
AÃ?O 1940  ARAMANDO ACEBES
 
AÃ?O 1950  JOSE BENITO MOREIRO SANCHEZ
 
AÃ?O 1950 19 diciembre  JOSE MANUEL CALVO HERNANDEZ
 
AÃ?O 1953  21 marzo  JUAN MATIAS HERNANDEZ BERNAL
 
AÃ?O 1957  JUAN MATIAS HERNANDEZ BERNAL
 
AÃ?O 1959  8 diciembre  JULIAN PALENCIA IGLESIAS
 
AÃ?O 1963  29 junio  LEONARDO ALVAREZ HERNANDEZ
 
AÃ?O 1971  LEONARDO ALVAREZ HERNANDEZ
 
AÃ?O 1976  LEONARDO ALVAREZ HERNANDEZ
 
AÃ?O 1979  19 abril  ANTONIO CALVO CARDOSO
 
AÃ?O 1984  ANTONIO CALVO CARDOSO
 
AÃ?O 1987 16 noviembre  ROCIO CARRIZO GONZALEZ
 
AÃ?O 1989  30 septiembre  JUAN LUIS CARDOSO GONZALEZ
 
AÃ?O 2000  JUAN LUIS CARDOSO GONZALEZ

PREGON 2005 POR PETRA SACRISTAN

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PREGON SANTA ANA 2005 
             
            
            Distinguidas autoridades, vecinos de Albergueria, amigos todos: muy
            buenas tardes.

            Me cabe el inmenso honor de dirigiros la palabra en el comienzo de
            vuestras fiestas. Y hace tiempo que me pregunto que os iba a contar.
            ¿Hablaros de la Historia de vuestro pueblo? No tengo autoridad para
            deciros nada al respecto que no sepais o que no os lo hayan contado
            personas de mayor enjundia que yo. ¿ Contextualizar su vida social,
            politica, economica? No queria que me arrojarais tomates al final de
            mi discurso.

            Asi es que he optado por la calle de en medio. Hablare, lo más
            ordenadamente posible, de las vivencias que tuve entre vosotros, que
            son vuestras propias vivencias, porque compartimos unos años
            inolvidables, de una epoca muy bonita: mi infancia.

            En 1936 año de infausto recuerdo, desde un lugar lejano, lejano,
            desembarco en este bendito pueblo que me adopto sin reservas, sin
            condiciones. Fue entonces cuando descubri que en Albergueria de
            Argañan habia solo dos tipos de personas: las buenas y  las
mejores.
            La vida me llevo por otros lugares, pero durante los siete años que
            pase entre vosotros aprendi, disfrute y creci por dentro y por
            fuera.

            Me cautivaban las historias escondidas en este castillo. El ulular
            del viento susurraba en mis oidos melodias unicas e irrepetibles que
            no olvide nunca.

            El fulgor de esa campiña ha acompañado siempre mi retina, cansada ya
            de ver tantas cosas, y su recuerdo ha solazado mi espíritu cada vez
            que volvia aqui con la mente.

            Mucho tengo que agradecer a este lugar, aunque una tierra no es gran
            cosa sin las personas que la habitan. A modo de organo vital, son
            las gentes las que le insuflan el palpito de vida. Son sus vivencias
            sencillas, cotidianas, las que conforman la Historia de un Pueblo.

            Hablare de mis recuerdos entre los años 36 y 43 del pasado siglo; de
            las gentes y lugares de Albergueria. De muchos aspectos, tan solo me
            queda un destello, aunque muy breve, muy intenso, porque eran muchas
            cosas, y yo, muy pequeña.

            El Calvario, en primavera. Mi madre y yo, por las tardes, haciamos
            labores a la solana, resguardadas del viento por las peñas. A veces,
            no muchas, porque no tenia tanto vagar, nos acompañaba la Tia Juana
            Fariña, ¡ que mujer !, fue un angel bueno y protector de mi madre y
            mio.

            La Dehesa, por cuyas laderas corri y corri, saciando despues mi sed
            en el regato que por alli discurria con un agua clara, limpia,
            cristalina. Arriba de La Dehesa estaba lo que llamaban El muro;
            era como una pequeña central electrica desde la que nos mandaban la
            luz al pueblo. Se encargaba de ello el señor Jose, El maquinista.
            Asi le llamaban. Vivia en la plaza, esquina al camino de Aldeia da
            Ponte, al lado de Tia Maricruz, La aguardientera.

            El señor Jose estaba casado con la señora Maria. Tenian varias
            hijas. Con una de ellas, Carolina, aun vive con noventa y tantos
            años, vine a emparentar muchos años despues de dejar el pueblo.

            El Charaiz. Un pilon, un caño y vegetacion. ¡ Que bien se estaba
            alli ! El bienestar me rebosaba por cada poro de la piel. Cantaba a
            pleno pulmon mientras mi madre lavaba.

            Tambien en La Fresneda se estaba de maravilla, aunque aqui no
            cantaba. En la temporada, tenia la boca llena de moras.

            En la Navelantera, mi madre alquilo un terreno que convirtio en
            huerto. Tenia un canchal con matorrales, peñas y un roble, donde
            hacian su nido los pajaros.

            El Barroco Ladron, con sus grandes peñas y su regato abundante de
            maruja, cuando aun se podia coger.

            Los Pinos, que fueron mi segunda escuela. Alli me enviaba la Tia
            Juana Fariña a llevarle la comida a Chago, su hijo, que pasaba todo
            el dia alli cuidando de las cabras y habia sido capaz de desarrollar
            una curiosidad innata que podia satisfacer aprendiendo de forma
            natural, merced al tedioso oficio que desempeñaba. Fue capaz tambien
            de transmitirme aquella sabiduria y le recuerdo con admiracion por
            todas las cosas que tuvo la generosidad de enseñarme.

            El Madroñal, la caseta de los Carabineros, la Atalaya, â?¦

            La calle Grande, el alamo de la plaza, que estaba en todo su
            esplendor y servia de burladero cuando habia toros en las fiestas,
            acogia el ofertorio de los Padrinos y Madrinas, en la calle, junto a
            la puerta de la iglesia. En el alamo terminaba la procesión de Santa
            Ana.

            La calle Maravedi, que salia, no se si sale aun, de detras de la
            iglesia y terminaba en el caño de los Barreros; un caño que junto
            con el de la plaza nos abastecia de agua todo el año, pero que en
            verano brotaban tan despacio que dejabamos el cacharro puesto y nos
            íbamos a otra cosa, ¿ para que tendríamos tanta prisa ?, hasta que
            volviamos a buscarlo lleno. Momento en que comenzaba un paseo muy
            particular, porque lo acarreabamos a la cabeza, que llevabamos tiesa
            como una vela, descansando el cantaro en una tela enrollada que
            hacía un circulo, proporcionandonos un andar peculiar, que muchas
            modelos de pasarela quisieran. Es este un aspecto que caracterizaba
            a las mozas del pueblo añadiendo a su donaire un aspecto de bien 
            plantas.

            La iglesia estaba muy concurrida, habia misa diaria a la que
            asistian casi todos, supongo que como ahora. Conoci a dos curas,
            primero estaba Don Lorenzo y después Don Silvestre. Se accedia a la
            iglesia por la puerta de la plaza, segun se entraba habia un Cristo
            enfrente; y, a la izquierda se llegaba al altar Mayor por el pasillo
            de en medio.

            Existia la costumbre de separarse por sexos. En los bancos de la
            izquierda, segun se entra, se ponian los hombres; y, a la derecha,
            las mujeres. Los niños y niñas seguian el mismo orden, pero mas
            cerca del altar. A la izquierda, cerca del pulpito habia un San
            Antonio precioso, al que yo queria mucho por los relatos que me
            contaba mi madre Sobre el Pan de San Antonio.

            Me gustaba la iglesia, como lugar de recogimiento, era muy
            acogedora, tambien sobrecogedora, las imagenes de santos que la
            iconografia popular nos ha transmitido, han hecho mella en nuestra
            mentalidad. O acaso se deba, por el contrario, a los libros que me
            dejaba Don Silvestre, todos, vidas de santos. Me interesa aclarar
            que Don Silvestre no era el librero del pueblo. No habia libreria,
            de ahi que, todos los libros que cayeron en mi mano, los devoraba,
            sin poner reparos a su contenido. Creo que le debo a este cura tanto
            como a mis maestros que me enseñaron las primeras letras, el
            universo lector que me proporciono y me convirtio en lectora voraz
            con el paso de los años.

            Habia que aprovechar, dicen que la ocasion la pintan calva, el menor
            resquicio de posibilidad que surgia en el pueblo. Asi, a las
            excursiones al aire libre, la visita de monumentos y el uso de la
            biblioteca, en los terminos que quedan referidos, añadi, con mas
            soltura que desfachatez, a mi peculio particular, el primer
            intercambio cultural gastronomico del que haya constancia en la
            comarca. Fue como sigue: cercana a mi casa, se encontraba la de la
            Tia Manuela, que en los tiempos de trabajo duro en la agricultura,
            acogia, por las noches, todo un ritual, para alimentar a las muchas
            personas que laboraban sus campos. Rayando la puesta del sol de
            verano, o sea, muy tarde, se escapaba un olorcillo a comida que
            resucitara a un muerto. Cuando los hombres comenzaban a llegar, todo
            era algarabia; despues se escuchaba un toc, toc, toc, rapido y muy,
            muy continuo. Tras este sonido se hacia un gran silencio, a la par
            que el olorcillo se desvanecia. Yo me hacia de cruces pensando que 
            seria el toc, toc, toc, y levitaba siguiendo los efluvios de aquel
            olor. Traia a mi madre por la calle de la amargura para que
            reprodujera en casa el ritual, pero no habia modo. Hasta que un dia,
            mi madre le pregunto a la Tia Manuela el modus operandi. Ella, todo
            corazon, reconocio humildemente solo son patatas con torreznos. Que
            venga una noche a cenar y que mi hija vaya a su casa. Dicho y
            hecho. La siguiente noche, desde bien temprano, me fui a casa de la
            Tia Manuela. En una panzuda olla, al fuego de la chimenea, cocian
            patatas con agua, sal y laurel. En una sarten con patas se freian
            torreznos de los de verdad. Se retiraba algo de la grasa que
            soltaban y se echaba a la olla de las patatas, tras lo cual, se
            volcaban en una fuente. Cada comensal, en la propia fuente,
            machacaba las patatas a su gusto; por eso sonaba toc, toc, toc. Un
            pan cortado en rebanadas grandes acogia generosamente los torreznos,
            que se sujetaban en la mano que no sostenia la cuchara de palo. Y se
            procedia de la siguiente manera: bocao de patatas, bocao de
            torreznos.
            No se que ceno en mi casa la hija de mi vecina, pero creo,
            sinceramente, que sali ganando. Hoy deambula una receta llamada 
            Patatas machaconas; creo que en realidad, debian llamarse Patatas
            de la Tia Manuela.

            Otro de los entretenimientos venia de lejos, cargado en carromatos
            tirados por burros. Encima de la escuela, que estaba al lado del
            Ayuntamiento, habia un local que se usaba a modo de teatro. Alli 
            veiamos las representaciones que traian los comicos de la legua.
            Era, quiza, la unica diversion que teniamos en la epoca. Acudia todo
            el pueblo. Supongo que aprovechando el tiron de las funciones, el
            maestro realizo un montaje dramatico con los chicos y chicas de la
            escuela. La tematica era una exaltacion exacerbada del patriotismo.
            Os ahorrare las palabras de mi intervención en la obra, pero la
            recuerdo letra por letra.

            Aquel maestro era Don Jose Cacho, de constitucion menuda, lo que le
            valia el apelativo cariñoso de Don Jose Cacho, El cacho maestro.

            Tambien habia una maestra, Doña Victoria Espariz Villaverde, que con
            los pocos medios de que disponia supo inculcarnos el afan por
            aprender.


            En esa escuela 
            Comence a subir por la escala del deber.
            Aqui comence a escribir
            Y aqui me solte a leer

            Fueron mis compañeras en la escuela: Herminia Corbi, Dolores Blanco,
            Lorenza Martin; Manuela, Emilia, Engracia y Brigida Manzano (hijas
            de Manuel y Engracia, dueños del comercio que habia en la plaza);
            Primi (la hija de tio Quico Federico).

            Las personas que recuerdo en el pueblo eran: Don Jorge â??el
            boticarioâ?? y Doña Antonia y sus hijos Pepe, Julio y Maruja; Don
            Antonio Magdalena y Doña Amparo, asi como a su hija Amparito; Doña
            Angelita y su hija Rosarito; Don Amando Acebes â?? el secretario â??,
            padre de Conchita y Miguel.

            Dolores era hija del sacristan, llamado negrito por el color de su
            piel, aunque su apellido era Blanco.

            La casa que habite pertenecia al tio Jose Maria Martin, el padre de
            Carolina, Carmen, Paco, Tomas, José y Lorenza. Estaba situada
            enfrente de la del señor Nicomedes, el zapatero.

            Tenia un corral muy grande donde esquilaban las ovejas.

            Carmen Rios, que me regalo una estampa para mi Primera Comunion. Le
            escribio por detras esta dedicatoria: cito Te ofrezco esta estampa;
            como recuerdo del dia mas dichoso y feliz de tu vida. Pidele mucho a
            Jesus Sacramentado te haga una niña buena y Santa. Tu amiga que asi 
            lo desea. Carmen. Fin de la cita.

            De Doña Victoria, la maestra, tambien conservo una postal que me
            regalo por el mismo motivo. Esta dice: cito Recuerdo del dia mas
            feliz de mi vida en que por vez primera entro Jeus en mi pecho
            aceptando la angelical ofrenda de mi corazon. Para Petra Sacristan
            de su profesora Victoria Espariz. Albergueria. 9 de mayo de 1937  
            Fin de la cita.

            Me interesa poner en relieve estas sencillas, aunque entrañables
            dedicatorias, para que entre todos seamos capaces de valorar mas
            juiciosamente los deseos que brotan sinceros de lo mas intimo de un
            corazon para llegar al fondo de otro y permanecer alli de por vida.

            Algo parecido me ocurre con el matrimonio del señor Andrés Duque y
            la señora Barbara, de los que fuimos vecinos. Siempre he guardado la
            conviccion de que el aprecio y admiracion que me suscitaban, se
            fundamentaba en el mero hecho de la cercania, apoyado quiza en la
            devocion que demostraba en su trabajo de herrero, en la infinita
            paciencia y dedicacion que aplicaba a su quehacer diario, modelando
            una y otra vez el hierro candente hasta conseguir la forma perfecta.
            Yo permanecia horas enteras, subyugada por el embrujo de la fragua
            chispeante, sin poder apartar los ojos del fuego. Tambien se
            encargaba de herrar a las caballerias, en un potro que tenia al
            efecto, donde les ponia sus zapatos nuevos, por usar la expresion
            que el empleaba. Sospecho que tambien dominaba las artes curativas
            de los animales, pues le venian a buscar para asistir al perdedor de
            alguna disputa entre astados.

            Era este un matrimonio mayor, que irradiaba una tranquilidad solo
            proporcionada por la acumulacion de experiencias apacibles. Tenan
            un hijo, Ambrosio, que vivia muy cerca de la plaza, con su mujer,
            Catalina.

            Alguna amargura tambien se ha de recordar. Vivimos aqui la Guerra
            Civil, menos tres meses que acuartelaron a mi padre en Salamanca.
            Aunque alejada en la distancia, la guerra estaba cercana en la vida
            cotidiana. Ayudaba a este menester el transistor de Doña Angelita, a
            cuya ventana, enfrente del Ayuntamiento, acudian los vecinos, cada
            tarde, a escuchar el parte. Se trataba del parte de guerra, en el
            que se detallaba pormenorizadamente, los caidos (muertos) o heridos.
            No quedo en mi mente ningun recuerdo doloroso, por lo que me inclino
            a pensar que esa parte de la Historia fue benigna con los
            albergallos.

            A todas las niñas nos hicieron flechas, así llamadas en alusion al
            emblema de la Falange Española. A mi me encantaba la especie de
            uniforme que nos pusieron, camisa azul; pero debia sentarme de
            maravilla la exaltación patriotica, pues a fuerza de arengas y
            sermones, que si España te necesita por aqui, que si España esta 
            pobre, por alla, que si colabora, que si patatin, que si patatan, ni
            corta ni perezosa, me presente a Conchita Acebes, encargada de
            recoger el oro para España y le espete a bote pronto: Quitame los
            pendientes; y me los quito. Llegue tan contenta a casa, tan
            española, tan satisfecha de mi accion, tan Quijote, que el gozo me
            reventaba por las cinchas de mi caballo, si lo hubiera tenido. Y
            quizas lo hubiera necesitado, no voy a relatar aqui lo satisfecha y
            orgullosa que se sintio mi madre cuando supo que me habia
            desprendido del regalo que mi madrina me hizo para la pila del
            bautismo. Pero salvamos España, que era de lo que se trataba.

            Coincidio esto con el racionamiento y su compañero inseparable, el
            estraperlo. De lo primero, recuerdo un bollito diario de 50 gramos
            de pan, que nos lo servia Carmen la de la callejita. De lo segundo,
            íbamos a Portugal a por triguiño, así llaman los portugueses al
            pan; y, ya de puestos y por amortizar el viaje, traiamos de paso
            azucar, cafe, bacalao, lo que podiamos, que no seria mucho, por la
            carestia.

            Seguro que podia contar mas cosas del estraperlo, pero estaria mal
            visto en la hija de un carabinero.

            Tras aquella infancia feliz, creo que un hecho me estaba diciendo:
            Petra, ya estas lista para enfrentarte a la vida. Senti un
            espaldarazo, cual Lazaro su calabazada propinada por el ciego en el
            toro de la puente de Salamanca, Chago, que tan buena disposición
            mostro siempre conmigo, fue el que me hizo comprender que me estaba
            haciendo mayor. Una tarde, ordeñando las cabras, me pidio que me
            acercara. Presta, como siempre, a sus indicaciones, acudi porque me
            encantaba hacer como que ordeñaba; y el, cogiendo de la ubre que
            tenia entre los dedos, me chorreo en la cara toda la leche que
            contenia, y, sonriendo me dijo: ahora, ya sabes ordeñar.

            Se van agotando los recuerdos, pero no quisiera dejar sin mencionar,
            la absoluta hospitalidad que me brindasteis a mi y a mi familia. La
            integración fue total y se materializo en multiples aspectos. Entre
            ellos, recuerdo que hasta me hicieron madrina de bautismo de Tita.

            No me resta, queridos amigos, sino agradeceros una vez mas vuestra
            gentileza por escuchar mis humildes palabras.

            Me vais a permitir, no obstante, que personalice un agradecimiento
            muy especial a Santiago Martin, asi como a su esposa Maria, tanto
            por la labor que estan realizando de dar a conocer el pueblo,
            aprovechando la era de la Globalizacion, como por su esfuerzo
            denodado de mantener vivo lo vuestro. Sirva esta tribuna para
            proponerles como cronistas del pueblo.

            Termino con un poema mio, no sera el mas bonito que haya recibido
            Albergueria, pero si puedo garantizar que sera uno de los mas
            sinceros.

            Dice asi:


            Albergueria de mis amores,
            Pueblo querido y no olvidado.
            ¡Ay!, cuando a los quince abriles
            sucedan los cincuenta años
            y el mundo con sus engaños
            haya dejado cruelmente
            llena de arrugas mi frente
            y el alma de desengaños.
            Con que inefable ternura
            recordare la ventura
            y el buen tiempo transcurrido
            a la sombra protectora
            de mi pueblo tan querido.
            Albergueria de mis amores,
            que te yergues entre flores
            De un eden primaveral:
            te quiero como se quiere
            la vista del ideal
            y que Dios, por especial gracia,
            dejo en ti escondido
            como un rincon del perdido
            Paraiso Terrenal.
            Yo amoldare mi existencia
            a la virtud y a la ciencia
            en tus campos aprendida.
            Sera mi faro en la vida
            tu recuerdo, Albergueria,
            y si vuelvo algun dia
            ¡sera inmensa mi alegria!

            ¡Viva Santa Ana! ¡Vivan los mayordomos! ¡Viva Albergueria!

 

            Albergueria de Argañan, 25 de julio de 2005

PREGON 2006 Alberto Lanchas

Escrito por albergueria2 05-07-2008 en General. Comentarios (0)

PREGON SANTA ANA 2006 Por ALBERTO LANCHAS GONZALEZ
            Buenas tardes, Señor Alcalde, Señores Concejales, queridos
            familiares, vecinos y amigos todos.
            Si pregonar es anunciar con énfasis algo importante para que todo el
            mundo lo conozca, lo que yo debería hacer, desde ya, es ponerme a
            proclamar a los cuatro vientos las excelencias de nuestro pueblo, de
            sus habitantes y de sus fiestas. Nada me resultaría más fácil, pues
            tengo sobrados motivos para conocerlas en profundidad. Pero no sería
            justo que hiciese tal, sin antes mostrar mi agradecimiento al Sr.
            Alcalde y al resto de la Corporación, por la deferencia que han
            tenido al brindarme la oportunidad de oficiar como Pregonero de las
            fiestas de Alberguería, en honor de su querida y excelsa Patrona
            Santa Ana. Representa un honor que llevaré con orgullo, aún
            desconociendo cuales han sido mis méritos para merecerlo, pero que
            siendo como soy, ALBERGALLO de corazón -que no de nacimiento-, hace
            que me sienta doblemente honrado por la distinción.
            Es la primera vez que lanzo al aire un pregón, por lo que antes de
            acometer tan difícil compromiso, en el que mis predecesores
            demostraron tan buen hacer, ya os anticipo que os hablaré desde el
            sentimiento que guardo hacia el lugar que vio nacer a mis padres y
            en el que mis raíces profundizan no menos de cinco generaciones, y
            que no es otro, que un profundo amor y una inexorable querencia por
            este entrañable pueblo de Alberguería que, más aún que un pueblo, es
            para mi un sentimiento, un estado de ánimo.
            No obstante, y como seguro a todo riesgo, hago mías las palabras de
            Antonio Banderas cuando, desde el balcón del Ayuntamiento de Málaga,
            pregonó: â??que nadie espere alardes literarios, ni ripios floreados,
            ni retorcidas retóricas. Yo soy hijo del pueblo, y como tal me
            expresaréâ?.
            Y partiendo de tal premisa, empezaré por decir que este pregón no
            puede ni debe quedarse en el simple anuncio oficial de lo que
            resulta evidente: el comienzo de las fiestas; sino en un canto a la
            historia de nuestro pueblo, a su pasado a través de las vivencias
            propias, a su futuro y, como no, a la grandeza y al mismo tiempo
            sencillez de sus gentes.
            Así es, que para cumplir con lo dicho, introduzco en este punto el
            primero de tales cantos, que no es otro, que el de la historia de
            nuestro pueblo. Alberguería es un lugar con una historia tan grande
            como desconocida. Un lugar que tiene marcadas sus señas de identidad
            en los muros de su castillo que, aun malheridos por violentas
            guerras y maltratados, no tanto por los agentes atmosféricos como
            por la desconsiderada intervención del hombre, se resisten a
            desaparecer, como conscientes de su condición de ser mudos testigos
            de la historia y devenir, tanto del lugar como de las gentes que
            necesitadas de su amparo y protección, se aferraron a ellos creando
            el embrión de la Alberguería que hoy conocemos.
            Y es, precisamente, por la tan estrecha relación entre la historia
            de Alberguería y la de su castillo que, me permitiré la licencia de
            evocar la primera apoyándome en hechos en los que, directa o
            indirectamente, es protagonista el segundo, pues tanto monta, monta
            tanto.
            Así, la referencia documental más antigua que he podido localizar
            sobre Alberguería, está enmarcada en el siglo XIV. Se trata del
            interrogatorio realizado en el año 1376 por el juez Gonzalo Pérez de
            Zamora a campesinos de diversos pueblos de la tierra de Ciudad
            Rodrigo, acerca de la ocupación ilegal de términos comunales. Del
            mismo se deduce que la existencia del lugar de Alberguería data,
            cuando menos, del año 1366, fecha en que fue ilegalmente ocupado por
            Esteban Yañez Pacheco, caballero noble y principal del linaje de los
            Pacheco.
            Pero es ya en el año 1474, cuando los esposos Alvar Pérez Osorio y
            María Pacheco se convierten en los primeros Señores de Alberguería,
            al serles concedida por Enrique IV la jurisdicción sobre el lugar,
            en agradecimiento a los servicios prestados por su montero mayor
            Esteban Pacheco, padre de María Pacheco, con el fin de que se
            pueble, ya que no disponían de tropa privada ni de nadie que
            defendiese su fortaleza.
            Fijaos si sería grande la fama del talento, hermosura y riquezas de
            doña María Pacheco, que no dudó en pedir su mano un caballero como
            don Alvar Pérez Osorio, 1er. Marqués de Astorga, Señor de la Cepeda,
            Conde de Trastámara y Conde de Villalobos, el cual hubo de consentir
            en las capitulaciones matrimoniales que los hijos del matrimonio
            llevasen como primer apellido el de la madre.
            Como anécdota, os cuento que fruto de las numerosas confrontaciones
            bélicas que padecen Ciudad Rodrigo y su tierra en los siglos XIII y
            XIV, resulta una clara política repobladora que da lugar a las
            llamadas "cartas de vecindad". En una de ellas, el rey Juan II
            ordena, que cualquier vecino de Portugal que viniese a morar a
            Ciudad Rodrigo y su tierra, quedaría exento de todo impuesto por 15
            años. Y es aquí donde sale a relucir la chispa y agudeza de ingenio
            que atesoráis por estas tierras, consecuencia del cual, en 1447 fue
            necesario dictar una ordenanza en Ciudad Rodrigo, en los términos
            siguientes: "No se otorgarán cartas de vecindad a aquellos vecinos
            de la ciudad y su tierra que, por no pagar impuestos, se marchen a
            vivir al reino de Portugal, para después retornar al cabo de un
            tiempo y ganar la exención"-¡Vaya si eran listos!-.
            Pero si la Guerra de Sucesión supuso cuatro años de continuas
            cabalgadas de los portugueses por las tierras de Ciudad Rodrigo
            arrasando y robando haciendas, no menos fatigas, sufrimientos y
            calamidades trajeron los veintiocho años de duración de la Guerra de
            la Restauración con Portugal. Valga como muestra que en el año 1643
            Álvaro de Abrantes, gobernador de la Beira, atacó esta plaza
            apoderándose de ella y entregándola a las llamas, aunque sin poder
            rendir su castillo, por lo que se retiró a Alfayates, no sin antes
            talar y arrasar la campiña y llevarse los ganados.
            Tan sólo unos años después, el 12 de marzo de 1660, invaden los
            portugueses el campo de Argañán con seis mil infantes y ochocientos
            hombres a caballo. Esta vez sí cae el castillo de Alberguería, que
            permanece en manos portuguesas hasta el mes de julio de 1661, en que
            lo recupera el duque de Osuna, recibiendo del rey orden de
            restaurarlo inmediatamente.
            Perdido de nuevo, por segunda vez, los ejércitos de la Monarquía lo
            recuperan en el año 1664.
            Todos estos hechos nos hablan de la gran importancia estratégica que
            tuvo Alberguería debido a su situación sobre la misma frontera y al
            hecho de contar con castillo fortaleza para ejercer el control de la
            misma, y de cuyo declive tenemos noticia a través del Catastro del
            Marqués de la Ensenada (Alberguería 1752), en el que se le define en
            estado de ruina y bajo propiedad de Don Vicente Moctezuma, Conde de
            Alba de Yeltes, Marqués de Cerralbo, Almarza y Flores Dávila.
            En abril de 1949 fue declarado Bien de Interés Cultural.
            Pero, como ya anticipé, es el momento de hacer el canto al pasado de
            nuestro pueblo a través de las propias vivencias. Y así empezaré por
            deciros que uno de los más intensos recuerdos que almaceno en mi
            memoria lejana, se refiere precisamente a uno de los primeros
            veranos que pasé aquí, contando a penas tres años.
            Todos los años en cuanto nos daban las vacaciones nos veníamos a
            Alberguería. El verano significaba la ilusión y alegría de poder
            estar de nuevo con mis abuelos, tíos y primos, y con un buen montón
            de amigos con los que compartir un inagotable número de nuevas,
            divertidas y más que arriesgadas experiencias. Venir al pueblo
            significaba eso que tanto buscamos de mayores: libertad.
            Aquí sentí la intensidad de la infancia, de la adolescencia, y de
            una buena parte de mi juventud, bajo el calor de los seres queridos
            y al amparo de los lazos familiares. Con cierta añoranza os digo que
            la Alberguería de aquel entonces era plenamente rural y se asomaba a
            un campo cuya variedad de olores, sonidos y sensaciones han quedado
            tan profundamente grabados en mi memoria, que su simple evocación me
            retrotrae inmediatamente a las vivencias de aquellos felices años.
            Frente a la enorme ciudad de donde venía, el Pueblo y sus gentes
            eran algo próximo, inmediato, que casi se podía sentir como un ser
            vivo.
            Alberguería me ofrecía en aquel entonces,..prados, canchales,
            huertas y pinares, más una hermosa dehesa para correr y
            disfrutar;â?¦nidos con huevos cuya ubicación celosamente ocultaba;â?¦
            lagartos, bastardos, ranas y renacuajos;â?¦mi primera jaula con
            pajarillo que alimentar y cuidar, cual â??TAMAGOCHIâ?;â?¦jugar a la
            chirumba, a â??la ollaâ?, a â??zorro, pico, zainaâ?, a vistas, a guardias
            y contrabandistas, a los coches con carrocería de lata de sardinas y
            ruedas de carrete, a moler tierra en las paredes de la calleja de mi
            abuelo, a pastorear â??bugallasâ? entre â??engarillasâ? de paja y, como no
            recordarlo, a los arcos que, con tanto esmero nos enseñó a hacer
            Rogelio.
            Alberguería me invitaba entonces,â?¦a ir a Escuela con una lata llena
            de ascuas a modo de estufa;â?¦a disfrutar del queso y de la leche de
            la Ayuda Americana;â?¦a montar en el carro;â?¦a trillar;â?¦a ver mallar;â?¦a
            hacer de tapón entre las piernas de los mayores para recoger la
            parva;â?¦a ver la trilladora de Nino;â?¦a recoger los cuernos del
            centeno;â?¦a enrasar la media;â?¦a atar los sacos de trigo;â?¦a estorbar
            en la escalera del â??sobraoâ? cuando subían los sacos, y a escaquearme
            para evitar los picores de la paja durante el acarreo;â?¦a ver
            esquilar y poner â??morenoâ? en los cortes;â?¦a vendimiar y ver
            prensar;â?¦a montar en la yegua de mi tío Hipólito, gracias a mi tía
            Tomasa;â?¦a llevar las vacas en la burra, mejor que andando;â?¦a vigilar
            a la burra durante las 2000 vueltas que, por lo menos, duraba el
            riego de la huerta, si no más, cuando coincidía que la pandilla te
            estaba esperando; yâ?¦ a qué seguir: Un sin fin de cosas más que
            colmaron mi infancia y adolescencia de felices e inolvidables
            momentos.
            Con el paso del tiempo fueron ya otros los gozos y las sombras de
            mis estancias en Alberguería. Sabéis que el tiempo filtra y
            dulcifica los recuerdos para que la vida y las cosas de nuestro
            pasado, vistas a través de la nostalgia, nos parezcan mejor de lo
            que en realidad fueron. De ahí aquello de que â??Cualquier tiempo
            pasado fue mejorâ?. Quizá por eso me parece imposible, improcedente e
            incluso imprudente describir aquí tantos y tan buenos recuerdos como
            acuden a mi mente. Me lo vais a perdonar.
            Pero Alberguería no es sólo pasado, sino también presente y futuro.
            Es patente hoy que el envejecimiento y la despoblación, las
            limitaciones administrativas, económicas y culturales, han venido
            estrangulado los procesos de desarrollo y están aupando a estas
            áreas de economía débil a enmarcarse entre las comarcas rurales que,
            eufemísticamente llaman â??deprimidasâ?. Pero creo que debemos y
            podemos ser optimistas. La Comarca dispone de un amplio abanico de
            soportes y oportunidades: diversas y contrastadas unidades
            paisajísticas, producción de electricidad, alimentos de calidad,
            rico patrimonio natural e histórico-artístico, identidad cultural,
            etc. Pero, además, y como complemento a la posible solución que
            supondría la aplicación por parte de nuestros regidores de una
            acertada política de desarrollo rural sostenible, enfocada a la
            diversificación de las actividades económicas y sociales, en
            Alberguería tenemos mucho oxígeno, naturaleza, sol, paz y
            tranquilidad para ofrecer a esa civilización venidera, que
            necesariamente habrá de administrar su tiempo libre. ¡Seamos
            optimistas!, aunque con el mazo dando.
            Pero, ¿que sería de un pregón si de las fiestas no hablase?. Pues
            eso, qué no sería tal. Hablemos pues de las fiestas. De ese retorno
            a nuestras raíces. De esa manifestación de nuestras señas de
            identidad que, es aquí, en pueblos pequeños como el nuestro, donde
            se pone de manifiesto el legado cultural y patrimonial que subyace
            bajo un modesto programa de fiestas.
            De las nuestras decía Casiano Sánchez Aires, hace ya más de un
            siglo, en su libro â??GEOGRAFÍA, HISTORICA Y ESTADÍSTICA DEL PARTIDO
            JUDICIAL DE CIUDAD RODRIGOâ?: â??fiestas clásicas, la de Santiago y
            Sta. Ana, ésta con ofertorio y aquella con bailables y una
            touradinha. No suelen faltar puestos de golosinas, para tormento de
            chiquillos embelesados. Acude numeroso gentío, no sólo de España
            sino del Extranjero (Aldea de Ponte, Forcalhos, Aldea do Bispo, é de
            outros muitos populos portuenses).El día de Santa Ana llenan de
            roscas los brazos de las andas colocadas en el Presbiterio; hecha la
            festividad religiosa matutina con disparo de cohetes, procesión y
            demás, celebrase por la tarde el Ofertorio, sacando la Santa á la
            puerta de la Iglesia, y una vez terminado, procede el mayordomo en
            presencia del Cura á la pública licitaciónâ?
            Creo que no puede quedar más claro el legado, el mantenimiento de la
            tradición. Nadie diría que no se trata de la descripción de la
            fiesta del año pasado . Por eso, y aunque el mundo de hoy esté
            marcado por lo que se conoce como el proceso de la globalización,
            por el que los modelos económicos, sociales y culturales de carácter
            mundial se imponen sobre los de carácter nacional o regional,
            debemos luchar para que dicho proceso no incida negativamente en la
            supervivencia y valoración de nuestras mejores tradiciones.
            Las fiestas son un acontecimiento ritual, colectivo y cada vez menos
            espontáneo, desafortunadamente, del que el hombre ha tenido
            necesidad desde el principio de los tiempos. Las fiestas que tanta
            ilusión han hecho siempre a los jóvenes y a los no tan jóvenes, nos
            invitan a romper esa rutina que siempre amenaza con extender una
            capa de moho sobre la vida. Nos invitan a romper la monotonía. Nos
            colocan en una situación de confraternización, de relaciones
            sociales igualitarias, espontáneas y cercanas. Nos colocan, en
            definitiva, en una nueva y diferente realidad social.
            ¡Queridos familiares, amigos, vecinos y visitantes! ¡La fiesta
            empieza ya! ¡Olvidemos lo cotidiano y, diferencias al margen,
            unámonos todos para cantar, bailar y reír, dentro del mayor respeto
            y cordialidad. Esa es la diversión que debería manar abundantemente
            en estas Fiestas de Santa Ana
            Pero antes, y ya para finalizar, quisiera haceros partícipes de la
            gran satisfacción que me ha producido haberme podido encontrar esta
            noche, frente a frente, con este Pueblo de Alberguería. Con la
            Alberguería de los míos, de los que son y de los que, aunque se
            fueron, permanecen vivos en mi memoria. Mi mejor recuerdo para todos
            ellos, peroâ?¦ especialmente para mi madre. La Alberguería de mis
            amigos, de los que están y de los que se fueronâ?¦.mi recuerdo para
            vosotros. La Alberguería de las mujeres y de los hombres que la
            habitaron y habitan, la más profunda esencia de "lo humano"â?¦.mi
            evocación y homenaje para todos vosotros. ¡Este es mi pueblo!
            Gracias por vuestra presencia y por la atención que me habéis
            prestado.
            Y ahora, gritad conmigo:
            ¡Viva Santa Ana!
            ¡Viva Alberguería!
            ¡Vivan los Mayordomos, madrinas y padrinos!
            ¡Vivan sus fiestas!


            La Alberguería de Argañán, 25 de julio de 2006.